¿El Principito tenía razón?
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Jul
30

Aumenta mi sensación de que el Mercado Oscuro lo va inundando todo, hasta parecerse a aquellas novelas de ciencia ficción que anunciaban un mundo apocalípitico de seres humanos alienados, infelices, preocupados y esclavizados por ideas o regímenes aplastantes.

Susana ha encontrado en un comercio el anuncio que se ve en la foto, en plena calle de San Bernardo. A primera vista no parece nada grave, es un anuncio más entre muchos. Pero si le abres la boca, verás los colmillos. Parece un intento de crear complejos allí donde no los hay. ¿Que tienes un poco de barriga pero eres feliz? ¡Gran error! ¡Debes ser infeliz con tu barriga! ¡No está de moda! El Mercado maquiavélico, donde todo vale si da beneficio, te necesita siempre insatisfecho.

Un mundo de gente feliz, tranquila y sin complejos no es buena receta para el día de hoy. Hace poco tiempo era el estilo de vida recomendado por cualquiera: Vivir feliz y sin complejos. Ahora ya no está de moda, alguien debió descubrir que apelar a la vergüenza da más dinero que que apelar a la salud.

Un blog de ciencia (qué paradoja) recomendaba visitar un blog hermano recién nacido, dedicado a la estética, y me llamó la atención porque fomentaba la preocupación continua por el aspecto superficial, en lugar de lo contrario (http://www.arrebatadora.com/2008/03/21-adios-al-hombre-de-ceja-unica).

Dejé caer un comentario donde me preguntaba si debía despreciar a mis antepasados, que fueron campesinos, porque se preocuparon de aprender a obtener frutos de la tierra, en lugar de sentarse a pensar si tenían pelitos en el entrecejo. Nuestro bienestar de hoy, el excendente de comida y conocimientos, existen gracias a lo que aprendieron cultivando la tierra y la mente. ¿Qué bienestar dejarían algunos a nuestros descendientes? ¿Unas magníficas cremas hidratantes? Me respondieron que por suerte, aquellos tiempos ya habían pasado y daban a entender que nuestra calidad de vida actual nos permitía preocuparnos por otras cosas, como por ejemplo lo superficial.

Así que está de moda: Tu aspecto debe convertirse en una obsesión, debes ser infeliz con tu imagen para que otros puedan hacer negocio con tu infelicidad. Mientras paseas, conduces, lees, ves TV, etc, recibes mensajes más o menos subliminales para atraerte a esa adictiva máquina tragaperras que es el culto a la apariencia, a ese pelito que cortar, a esa arruguita que estirar, a si me inyecto aquí, o me quito de allá. Ea, a acomplejarse todos, a vivir como desgraciados, siempre insatisfechos, a consumir y a dejarse consumir, el mercado así lo manda porque, en el fondo, eres tú quien lo demanda, qué bonito pareado. Como si no fuera posible ser feliz de otra manera. Qué mundo tan feliz, serás eternamente fe@, siempre pensando en tu próxima operación y en cómo financiarla…

Abr
28

Había una vez un planeta libre.

Todo en él era libre. Por ejemplo, la educación, o la circulación del tráfico en las ciudades, y muchas cosas más, eran libres, se autorregulaban sin intervención de poderes concretos.

Tan grande era la importancia de la libertad en este planeta, que los alumnos de los colegios eran libres de ir o no a la escuela, autorregulándose, y los conductores eran libres de circular por cualquier calle de la ciudad, y en cualquier sentido, porque no existían señales de tráfico, ni direcciones prohibidas. El planeta hacía ondear orgulloso su bandera: ¡Somos el planeta más libre de la galaxia!

Bajo esa alegría planetaria, flotaban sucesos inquietantes. A veces, los alumnos de los colegios decidían no asistir a clase, cosa perfectamente legal. Los colegios quedaban vacíos de repente, durante tiempo indefinido, y las razones nunca estaban del todo claras. Se decía entonces que se había producido un “crack” educativo en tal o cual fecha. Peligrando la institución de la enseñanza, peligraba también el futuro de la sociedad misma.

De forma parecida, el tráfico rodado a veces se colapsaba. Miles de automovilistas, libres de circular por una misma vía en direcciones contrarias, pues ninguna norma lo impedía, creaban atascos de horas o hasta días de duración. Se hablaba entonces de “crack” circulatorio y era portada en los medios de comunicación.

Los expertos analizaban estos fenómenos en profundidad, existían empresas y universidades dedicadas en exclusiva a seguir las tendencias diarias de estas complejas fluctuaciones. Era corriente encontrar analistas observando atentamente los datos de las asistencias a clase de los alumnos, o de la fluidez del tráfico en las ciudades. Se oían valoraciones como:

– “El lanzamiento de la nueva consola XBX en ESP provocará una tendencia a la baja en la asistencia del alumnado a los colegios PUB”.

– “El cierre del centro comercial ECI en la zona CEN augura un incremento en la fluidez del tráfico en el distrito CTR.

Siendo así las cosas en este mundo feliz, ocurrió un día que un niño veía las noticias en televisión. En ellas se informaba de graves problemas en los colegios por falta de asistencia, y de terribles atascos en la ciudad. El niño se rascó la cabeza, recordando que no era la primera vez que esto ocurría, y dirigiéndose a su padre preguntó:

– Papá, ¿por qué hay cracks? ¿Los habría si fuera obligatorio ir al colegio? Los niños no faltarían a clase, aunque tuviesen una consola nueva. ¿Y si en las calles pusieran señales de tráfico? ¿No habría menos atascos?

El padre miró de reojo a su hijo, alarmado ante la posibilidad de tener un retoño extremista y antisocial:

– Verás hijo, nuestro planeta es libre, eso de “obligar” es un atraso inaceptable, más propio de dictaduras primitivas que de sociedades modernas. La Historia ha demostrado así se ralentiza el progreso, o incluso se detiene, en lugar de fomentarse.

Meditó unos momentos, buscando palabras que su hijo comprendiese.

– La libertad fomenta la iniciativa personal, y ésta pone en marcha el progreso. Por ejemplo, imagina que obligas a todos los campesinos a ser iguales, y los obligas a ir a trabajar al campo, todos con azadones. ¿Lo visualizas?

– Sí, papá.

– Pues bien, ahora pasa una cosa. Resulta que uno de esos campesinos es especial, tiene más imaginación y es más inteligente que los demás. Seguro que tú en el colegio conoces algún chico o chica que es más avispado que otros, es natural y ocurre de vez en cuando. Bueno, este campesino, mientras está cavando, tiene una idea: ¿Y si atase el azadón a una mula, y la mula tirase del azadón? ¡El campo se araría automáticamente! ¿Qué te parece?

– Me parece muy buena idea, papá, y seguro que pasó así en la realidad.

– Seguramente, hijo. Ya lo ves venir, ¿verdad? El progreso se puso en marcha gracias a la iniciativa de este campesino. ¿Te imaginas que justo entonces apareciese alguien y le dijese?:  “¡Usted cállese, está prohibido hablar mientras se trabaja, siga con su arado!” O peor, imagina que le dice: “¡Cállese, no piense, que pensar está prohibido, siga cavando!”

– ¡Haaaala, papá, qué exagerado!

– No te creas, hijo, verás en los libros de Historia que ha sido así… ¡y sigue siendo en algunos sitios! Bueno, entonces veo que lo has entendido: Si a este campesino le diéramos libertad para tener ideas propias, y le diéramos la oportunidad de probarlas (con no prohibírselo es suficiente), con el tiempo revolucionaría la agricultura y nos beneficiaría a toda la Humanidad. Como tú dices, seguramente debió ser así en la realidad. El progreso de la Humanidad se lo debemos a aquellos que tuvieron una idea genial y por suerte no hubo nadie cerca que se la prohibiese, ¿no te parece?

– Sí papá, o sea que todo lo bueno que tenemos hoy es gracias a los genios que vivieron antes que nosotros.

– Genios, o simplemente personas trabajadoras que fueron libres de arriesgarse a probar cosas nuevas, sin limitaciones, prohibiciones, etc. ¿Ves que la libertad ha sido la clave?

– Aaaaah… ya. ¿Por eso los coches tienen libertad de ir por donde quieran, y los niños somos libres para no ir al cole? Sí, está muy bien, pero…

– No le des más vueltas. Ya lo entenderás mejor. Sólo recuerda que la Libertad es tan valiosa que cualquier inconveniencia es perdonable.

– Sí papá, pero… sigo pensando que si pusieran semáforos en las calles, y señales de stop, y reglas para ceder el paso, los coches se repartirían mejor por la ciudad y se atascarían menos. Que sí, que ya sé que esto es prohibir, papá, ¡pero a veces prohibir un poco es bueno! Y si a los niños se les obligara a ir al colegio, entonces…

El padre se levantó de un salto.

– ¡Hijo! ¡Ya basta! ¡Creí que habías entendido algo! ¿Pero qué estás diciendo? ¿Semáforos? ¿Niños OBLIGADOS a ir al colegio? ¿Qué clase de mundo sería ése? Insisto: Cuando seas mayor lo entenderás. Lo que propones es, ni más ni menos que ¡un Estado intervencionista! ¡El Estado obligando a niños a ir contra su voluntad al colegio, y a adultos obligados a conducir por donde no quieren…! ¡Que aberración! ¡Desembocaría en un régimen dictatorial, que lo sepas!

Después, más calmado, se sentó y continuó:

– Y por cierto, me dejarías sin trabajo, recuerda que soy broker en una gestoría de tráfico, mi cartera de clientes se compone de conductores de automóvil que me pagan cada mañana por ayudarles a elegir las carreteras menos congestionadas, resultado éste que obtengo de complejísimos indicadores matemáticos multidimensionales de densidad de tráfico y otros factores, que necesité años para aprender (que no entender). Imagina, hasta se han concedido premios Nobel a algunos de sus descubridores. ¡Son muchos los conductores que nos lo agradecen, las propias ambulancias ahorran muchos minutos al día en sus recorridos al eludir atascos, gracias a nuestros análisis estadísticos! ¡Y tú quieres dinamitar todo el sistema!

– Ya, papá, pero haciendo eso no arreglas el atasco, te llevas a la gente a otro sitio para que no lo vea, eso es trampa. Es como si me duele un pie, voy al médico y me dice que la solución es caminar con el otro pie. ¡Eso no es arreglar nada! Aconsejar a tus clientes para que rodeen los atascos es como reconocer que no queréis saber por qué se producen.

– Hijo, no lo entiendes…

– O puede que lo que os da medo sea reconocer que la solución serían las señales de prohibición. Como estáis obsesionados con la Libertad, y pensáis que es buena para todo… Casi ninguna cosa es buena por sí sola, papá, por eso no hay Derechos solamente, o Deberes solamente, sino que hay Derechos y Deberes, porque el mundo no funcionaría si faltara uno de ellos. La Libertad no puede arreglarlo todo ella sola, hay que ponerle una pareja que haga de tope, para que los tiburones no se la lleven al otro extremo y se aprovechen de ella.

– ¡Ya está bien! Estoy cansado de que no entiendas nada. Vamos a dejar este tema.

– Pero papá, si sólo es que en lugar de dejar que todo vaya al azar, o al capricho de todos, se regule un poco, que si estas cosas son impredecibles y explotan es porque nadie quiere sujetarlas, mira el atasco del otro día, ese que duró dos días y se chocaron tantos coches, si pusieran un semáforo en la esquina de abajo…

El padre, iracundo, resoplando por todos sus orificios, imaginándose a sí mismo despedido de su trabajo por culpa de un semáforo y un sistema de tráfico ordenado (al fín y al cabo, él era pescador gracias al río revuelto del tráfico), emitió un rugido tan tremendo que el niño se derrumbó:

– ¡Buaaaaaaaaa!

– ¿Te gustan las normas, las dictaduras intervencionistas, y obligar niños? Pues ahí tienes una obligación: ¡A la cama! ¡Poner señales de tráfico en las calles, lo que hay que oír! ¡Por dios que a la Libertad no se la toca en esta casa!

Ejercicios para el lector:

¿Cuál es la moraleja de este cuento? ¿La tiene? A modo de ejemplo, ¿entenderá el niño alguna vez por qué en la Tierra los precios se autorregulan de igual manera que el tráfico en su planeta? ¿Es razonable que el valor objetivo de una empresa se determine por las opiniones subjetivas de un ente falible, el “inversor”, mientras intenta (rozando lo esotérico) adivinar el futuro?


Referencias: Ésta misma, por ejemplo

Oct
13
 
Entonces ya puedes visitar — Sailor Worlds —, blog independiente y con interés filosófico donde podrás participar, criticar o apoyar libremente las ideas de otros.
Las ideas construyeron el progreso, y ahora se mueven más rápido que nunca. Tú y yo somos como neuronas intercambiando información; la humanidad es como un gran cerebro que piensa a velocidad creciente. Aporta tus impulsos nerviosos y deja que fluyan constructivamente.

Oct
13
 
Si te interesa lo que se puede hacer con un motor paso a paso, visita 
 

— Scaninfo —

Oct
11
Vamos a ponernos serios.
Y dirás: "¿cómo vamos a ponernos serios si estamos hablando del principito, que es el personaje de un cuento para niños? ¡Esto no es serio!"
¿De verdad piensas así?
Si has leído el principito, me gustaría saber hasta dónde crees que puede extrapolarse a la vida real. ¿Es posible hacerlo? ¿No es posible? ¿Es tontería extrapolar algo?
Y si no lo has leído, ya lo estás haciendo. ¡Arre!